La nueva cultura del macho en España

28 04 2011

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Galería de Bull Terrier De La Gran Estirpe

28 04 2011
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La galería de Bull Terrier De La Gran Estirpe en Flickr.





Primera huelga de hambre en España por la protección animal.

27 04 2011

Este hecho se ha producido en Getafe, donde Beatriz Menchén, administradora de la perrera de Getafe hasta hace un año, ha iniciado este proceso en forma de protesta por la nueva concesión de la perrera.
El hecho principal de la protesta es porque el aumento de sacrificios en la perrera con la nueva concesión ha pasado del 1.39% a un 66% en 6 meses. Esto ha dado lugar a esta serie de protestas, hasta que el propio ayuntamiento investigue un poco más este hecho.
Muchísima gente se ha unido ya a la protesta de diferentes formas y desde la difusión de esta noticia queremos dar también nuestro apoyo.

– Desde Mi iPhone





El reto de una vacuna contra la leishmaniosis canina

27 04 2011

En los últimos años se han conseguido grandes avances en este campo y prueba de ello son las vacunas con elevados grados de protección en fase III y otras prometedoras aún en fase II. Es de esperar que en un futuro no muy lejano podamos disponer de una vacuna eficaz contra Leishmania en perros.
El desarrollo de una vacuna eficaz contra la leishmaniosis canina sigue siendo un objetivo complejo y difícil de alcanzar. Tras décadas de investigaciones, la primera vacuna contra esta enfermedad en perros ha sido comercializada (Leishmune), y otra ha obtenido ya el registro sanitario (Leishtec), ambas en Brasil. En Francia, además, existe otra vacuna en desarrollo con elevados grados de protección en estudios de campo. Es posible que en un futuro no muy lejano podamos disponer de una vacuna eficaz contra esta enfermedad olvidada por las autoridades sanitarias a pesar de su incidencia en humanos (700 casos anuales en el sur de Europa) y de su carácter zoonótico.

La infección en el perro
La leishmaniosis humana es la tercera enfermedad transmitida por vectores más importante en el mundo, después de la malaria y la filariosis. El perro juega un importante papel como reservorio en la forma visceral zoonótica causada por Leishmania infantum y entre un 5%-10% de la población canina residente en zonas endémicas desarrolla la enfermedad. Las manifestaciones clínicas de la leishmaniosis pueden aparecer en el perro infectado desde varios meses a varios años después de la infección. La gran diversidad de cuadros clínicos que pueden llegar a presentar los perros infectados es debida a los numerosos mecanismos patogénicos causados por Leishmania y a las diferentes respuestas inmunitarias que pueden desarrollar los animales.
Diferentes estudios demuestran que, mientras la prevalencia de enfermedad en la cuenca Mediterránea estaría alrededor del 5%-10% como se comentaba anteriormente, el porcentaje de perros que desarrollan anticuerpos anti-Leishmania sería más alto, del 10%-37%, y la verdadera tasa de infección aún superaría estos valores, alcanzando el 65%-80% (estudios que evalúan la respuesta celular, o bien que utilizan PCR sobre diferentes tejidos). Por lo tanto, en la leishmaniosis canina, el concepto de infección no es sinónimo de enfermedad. Es decir, no todos los perros infectados por Leishmania desarrollarán signos clínicos o alteraciones clinicopatológicas. Este hecho es debido a que la respuesta inmunitaria en el perro infectado con eishmania es una compleja combinación de dos tipos de respuestas, celular y humoral, que dan lugar a un amplio rango de situaciones: en uno de los polos encontraríamos los perros enfermos o susceptibles con respuesta humoral exagerada (respuesta Th2) y, en el otro, a los perros infectados pero clínicamente sanos o resistentes con respuesta predominantemente de tipo celular (respuesta Th1), acompañada o no de producción de anticuerpos.
En la cuenca Mediterránea encontramos que la mayoría de la población canina ha tenido contacto con el parásito y, aunque infectada, desarrolla una respuesta inmune capaz de controlar la enfermedad. Por el momento, se desconocen las implicaciones epidemiológicas de este gran número de perros infectados. Los perros clínicamente sanos pueden representar hasta el 60% del total de perros infectados y, aunque en menor medida que los enfermos, también son infectivos para el vector flebotomo.
Sin embargo, el grado de infectividad de un perro se encuentra correlacionado con el nivel de IgG anti-Leishmania específicas producidas. Este hecho es debido a que los perros con leishmaniosis clínica presentan mayores cargas parasitarias en diferentes tejidos como, por ejemplo, la piel en comparación con los perros infectados clínicamente sanos. Estas altas cargas parasitarias activan fuertemente al sistema inmunitario, dando lugar a una producción elevada de IgG específica. Por tanto, el perro enfermo o seropositivo alto será el principal objetivo de cualquier medida de control de esta parasitosis.

La dificultad de una vacuna
La mayoría de los métodos disponibles actualmente para el tratamiento y control de la enfermedad presentan una eficacia limitada. Estudios recientes en Irán demuestran que el control de la infección en perros disminuye su capacidad infectiva y la incidencia de la enfermedad en niños. Por esta razón, la vacunación de los perros constituiría la medida más eficaz para el control de la leishmaniosis visceral, tanto en la población canina como en la humana. La característica principal que ha de cumplir toda vacuna es mimetizar los efectos de una exposición al patógeno, de manera que consiga desarrollar en el animal vacunado un tipo de inmunidad que lo proteja frente a una infección natural posterior. En el caso de la leishmaniosis se requerirá que la vacuna estimule principalmente una respuesta inmunitaria celular (Th1), que es la que presentan de forma natural los perros resistentes y que genere memoria a largo plazo. Sin embargo, pese a los múltiples estudios realizados durante décadas, actualmente sólo existe una vacuna comercializada para la prevención de la leishmaniosis canina: Leishmune, en Brasil. Este problema no es exclusivo de Leishmania, sino que afecta al desarrollo de vacunas diseñadas contra todo tipo de infecciones parasitarias. De hecho, la inmunización contra este grupo de enfermedades continúa siendo un desafío y, por el momento, muy pocas vacunas se hallan comercializadas. Hay diversas razones que explican esta dificultad:
Las infecciones parasitarias, a diferencia de las causadas por bacterias o virus, tienden a ser crónicas en la naturaleza. Esto es debido principalmente a que los parásitos provocan a menudo respuestas inmunitarias ineficaces en el huésped, previniendo su eliminación y prolongando la infección en el tiempo. Éste sería el caso de la inducción de una respuesta humoral exagerada no protectora en la infección por Leishmania.
Los parásitos desarrollan con frecuencia estrategias de evasión de la respuesta inmune. En la infección por Leishmania son destacables la supresión de los mecanismos leishmanicidas en el interior del macrófago, la inhibición de la presentación de antígenos o la infección de células sin capacidad leishmanicida.
Los parásitos presentan ciclos biológicos más complejos que las bacterias o los virus, con diferentes fases biológicas que complican el desarrollo de una vacuna. Leishmania presenta dos fases en su ciclo biológico: la fase de amastigote en el interior del hospedador vertebrado y la de promastigote en el hospedador invertebrado.
A pesar de estas dificultades, existen casos en que las infecciones parasitarias confieren en el huésped inmunidad frente a reinfecciones por el mismo parásito. En el caso de la infección por Leishmania, la existencia de una población de perros infectados que desarrolla de manera natural una respuesta inmunitaria protectora de control del parásito indica que es posible forzar una respuesta inmunitaria eficaz mediante una vacuna. El desarrollo de dicha vacuna ha de seguir diferentes fases. Los ensayos clínicos de fase I evalúan la seguridad y la capacidad de la vacuna para activar una correcta respuesta inmunitaria comparando individuos vacunados con individuos controles. El siguiente paso son los ensayos de fase II que evalúan la protección inducida por la vacuna ante una infección experimental. Aunque se consideran necesarios, su utilidad es relativa puesto que la infección experimental con Leishmania en perro no consigue mimetizar la infección de tipo natural y son varios los factores que afectan al resultado final, como son la dosis, la vía de inoculación y la fase del parásito. Finalmente, los ensayos de fase III evalúan la eficacia de la vacuna en condiciones naturales: son los llamados estudios de campo. Si la vacuna supera con éxito estas tres fases puede registrarse y comercializarse. Tras su comercialización, la vacuna entra en fase IV o farmacovigilancia, en que se realiza un seguimiento de la misma en las condiciones habituales de uso. Las vacunas probadas contra la leishmaniosis canina pueden dividirse en tres grupos: las de primera generación, consistentes en parásito muerto, vivo, atenuado o modificado genéticamente; las de segunda generación, compuestas por proteínas del parásito ya sean purificadas o recombinantes y, por último, las de tercera generación o vacunas de ADN, compuestas por vectores que contienen genes que codifican antígenos del parásito. Recientemente se están utilizando estrategias para mejorar la eficacia de las vacunas de ADN como el sistema de vacunación-revacunación heteróloga, que consiste en la vacunación con ADN y la revacunación con el mismo epítopo pero en vectores o formulaciones diferentes, por ejemplo un virus o una proteína recombinante.

Grandes avances: las vacunas más protectoras
Por el momento, dos vacunas contra la leishmaniosis canina han obtenido resultados prometedores en los ensayos de fase III: Leishmune, registrada y comercializada en Brasil y en fase de registro en Europa, y LiESAp-MDP (LiESAp: Leishmania infantum excreted secreted antigens from promastigotes), desarrollada en Francia. Sobre la vacuna registrada este mismo año en Brasil, LeishTec, no hay todavía datos publicados.

Los perros con leishmaniosis clínica presentan mayores cargas parasitarias en diferentes tejidos como, por ejemplo, la piel en comparación con los perros infectados clínicamente sanos.

Curiosamente, estas dos vacunas pertenecen al mismo grupo, las llamadas vacunas de segunda generación, es decir, están formuladas con fracciones purificadas del parásito. Es posible que la eficacia de dichas vacunas recaiga en el hecho de que contienen más de un antígeno del parásito y que están formuladas con fuertes adyuvantes que estimulan la respuesta inmunitaria innata, no sólo la adquirida. La eficacia de la vacunación se ha analizado en estos estudios de dos maneras: la eficacia contra la infección, que evalúa el grado de protección que confiere la vacuna frente a que el animal se infecte, y la eficacia contra la enfermedad, que estudia el grado de protección contra el desarrollo de síntomas clínicos.

Brasil
Como se ha mencionado, Leishmune fue la primera vacuna comercializada contra la leishmaniosis canina. Consiste en una fracción purificada de Leishmania donovani, el ligando fucosa-manosa (FML), cuyo principal componente es la hidrolasa de nucleósidos, NH36. Éste es un enzima crítico en el inicio de la infección por Leishmania, ya que fragmenta nucleósidos y libera bases púricas que el parásito necesita para la síntesis de ADN y la multiplicación en el huésped. Dos ensayos de fase III en Brasil avalan la utilidad de esta vacuna sola o con un adyuvante (QuilA) en la prevención de la leishmaniosis canina [1, 2]. El grado de protección contra la enfermedad se situó entre el 75%-80%. Es decir, mientras que entre el 25%-33% de los perros del grupo control desarrolló síntomas clínicos de leishmaniosis, sólo entre el 5%-8% del grupo vacunado enfermó. La vacunación indujo respuesta humoral en la totalidad de los perros y respuesta celular específica en el 94% de ellos. El grado de protección contra la infección ha sido evaluado más recientemente y se situó alrededor del 100%. Otro hecho destacable de esta vacuna es que actúa como bloqueante de la transmisión. Este concepto se utilizó por primera vez para describir las vacunas contra la malaria que impiden el desarrollo de la fase infectiva en el vector Anopheles. Cuando el mosquito pica al huésped inmunizado con este tipo de vacunas, los anticuerpos generados por el huésped son ingeridos por el mosquito, de forma que se bloquea el proceso de reproducción de los parásitos y se incapacita al vector para transmitir la malaria. Este efecto bloqueante ha sido demostrado recientemente en los flebotomos alimentados con amastigotes y suero de perros vacunados con FML [3], señalando que esta vacuna puede interrumpir el ciclo epidemiológico de Leishmania. A pesar de todos estos resultados, para que sea posible la comercialización de esta vacuna en Europa será necesario demostrar su eficacia contra una infección experimental con L. Infantum y llevar a cabo un estudio de campo en centros europeos.

Francia
La segunda vacuna con interesantes resultados en fase III es la desarrollada en Francia con antígeno excretado y secretado obtenido a partir del sobrenadante de cultivos de promastigotes de L. infantum y posteriormente purificado [4]. La vacuna se administra junto con el adyuvante muramil dipéptido (MDP). La protección inducida por esta vacuna se ha correlacionado con el establecimiento de una correcta respuesta inmunitaria temprana y prolongada frente a Leishmania. En los perros vacunados, y únicamente en este grupo, se detectó una activación junto con un aumento de la capacidad leishmanicida de los macrófagos a través de linfocitos T. En la fase III del ensayo clínico, el 2,7% de los perros controles desarrolló signos de enfermedad mientras que ningún animal del grupo vacunado enfermó. En cuanto a la tasa de infección, fue del 0,6% en los perros vacunados y del 6,8% en los perros controles, es decir, 11 veces inferior en el grupo inmunizado. De esta manera, la eficacia de esta vacuna contra la infección por Leishmania en perros fue del 90%.

En la cuenca Mediterránea encontramos que la mayoría de la población canina ha tenido contacto con el parásito y, aunque infectada, desarrolla una respuesta inmune capaz de controlar la enfermedad.

España
Nuestro grupo de trabajo lleva varios años investigando en el campo de las vacunas conocidas como de tercera generación. Este tipo de vacunas, al ser de desarrollo más reciente, todavía no ha sido testado en estudios de fase III. En el año 2002, nuestro grupo presentó la primera vacuna de ADN diseñada contra la leishmaniosis canina. Los resultados de dicho estudio preliminar indicaban que este tipo de inmunización activaba una correcta respuesta inmunitaria específica contra el parásito en el perro. A partir de estos resultados, se inició un mayor estudio publicado recientemente [5], el cual demuestra que, a pesar de dicha respuesta inmunitaria y cierto control de la infección, este tipo de vacunas necesitan ser mejoradas. Para potenciar el efecto de la vacunación con ADN, en el Centro de Investigaciones Biológicas de Madrid, científicos españoles en colaboración con la Universidad de Zaragoza y el Centro Nacional de Biotecnología, han desarrollado una vacuna consistente en la vacunación con ADN que codifica para un gen de L. infantum (LACK) junto con una revacunación utilizando un virus que expresa el mismo gen. Los primeros resultados de eficacia de la vacuna contra la infección experimental han sido muy positivos [6] y, actualmente, se están desarrollando nuevos vectores más seguros que el virus revacunal utilizado en dicho estudio [7]. Siguiendo esta línea nuestro grupo ha desarrollado una vacunación contra la leishmaniosis consistente en ADN más proteína producida en larvas de insecto que, actualmente, está siendo ensayada en fase II en el modelo de hámster. Futuros estudios de fase III serán necesarios para evaluar la eficacia de este tipo de vacunación frente a la infección natural.

“Las vacunas de Leishmania van ya por la proteómica”
Los parásitos son mosaicos antigénicos, es decir, tienen cientos de receptores antigénicos que se dividen en: superficie, metabólicos y somáticos. Inicialmente, se pensó que eran los antígenos de superficie los que conferirían respuesta protectora. Se intentó con parásitos muertos, modificados…
Al ver que no funcionaba, después se probó con antígenos totales (lisando el parásito). Tampoco funcionó, aparentemente debido a que muchos de los antígenos presentan una disposición tridimensional que, a veces, no los hace aptos para las células presentadoras de antígeno. Se empezaron a extraer y caracterizar proteínas con capacidad inmunogénica y, a partir de aquí, llegaron otras vacunas (GP63…), que tampoco funcionaron. Lo que se ha hecho después es secuenciar estas proteínas que tienen capacidad inmunogénica para obtener los genes que inducen su producción.
Se ha visto que el ADN en plásmido no tiene capacidad inmunogénica suficiente para activar la RI celular en el hospedador. Sin embargo, si se introduce el ADN en vectores o lanzaderas (virus modificados u otros sistemas más avanzados que no son virus verdaderos y evitan los riesgos de trabajar con éstos), se aumenta la RI frente a esa proteína. En esto se está trabajando actualmente. Como los virus son todos intracelulares, teóricamente son captados por las células macrofágicas y, sobre todo, las células presentadoras de antígenos (células dendríticas). La explicación del fallo reside en la manera en que las células dendríticas expresan ese antígeno una vez lo han fagocitado.
Por otro lado, hay una serie de bloqueos del parásito sobre ciertos mecanismos (evasión de la respuesta inmune) y que estos antígenos no tienen la suficiente capacidad inmunogénica frente a la RI celular.
Lo que se ha intentado es aumentar esta baja inmunogenicidad con adyuvantes naturales (plantas, sales de aluminio…) o interleucinas (especialmente el g-interferón y la Il-10), tratando de activar de forma inespecífica la inmunidad natural.

El objetivo actual

Nuestro grupo ya hace años que utilizó el antígeno LACK, una molécula que siendo intracelular podía desarrollar una respuesta inmune protectora en un 70-80% de los casos, frente a una infección experimental un millón de veces superior a la natural. En esto momentos, y a la espera de los resultados de un experimento de fase II, hay que dar un paso más en la obtención de una vacuna efectiva. Para ello, nuestro grupo está avanzando en dos frentes. Por una parte, sabemos qué tipos celulares están implicados en las primeras fases del establecimiento de la RI en los perros protegidos por la vacuna. Se está estudiando en estos momentos qué genes se encuentran activados en las células de estos perros que no lo están en las procedentes de perros enfermos. Lo ideal sería encontrar algún receptor relacionado con el establecimiento de la RI protectora. Por otra parte, se ha obtenido una genoteca completa de Leishmania infantum que además se ha ordenado en microarrays, lo que nos permitirá encontrar el gen o genes (y las proteínas consiguientes) del parásito que estén relacionados con la presentación de antígeno (por las células dendríticas o macrófagos) que origina la RI protectora en los perros. La obtención de estos microarrays conteniendo 30.000 clones con el genoma completo del parásito no ha sido fácil, pero es la mejor manera de localizar los antígenos responsables de la protección. No está clara la causa de por qué las otras vacunas están fallando, pero puede ser debido a que el mecanismo de reconocimiento del antígeno por el perro es mucho más sensible de lo que se cree. De hecho, un mismo antígeno produce diferente respuesta según la vía de inoculación (o, lo que es lo mismo, según el tipo de presentación al sistema). Una vez localizados los antígenos responsables de la protección, la obtención de una vacuna más efectiva y segura será un objetivo factible a corto plazo.

1Juan Antonio Castillo, 2Vicente Larraga
1Facultad de Veterinaria de Zaragoza, 2Centro de Investigaciones Biológicas-CSIC

Bibliografía disponible en www.argos.grupoasis.com/bibliografias/leishmaniosis101.doc1Felicitat Todolí Simó, Alhelí Rodríguez-Cortés, Jordi Alberola Domingo, 2Laia Solano-Gallego.
1 LeishLAB. Departament de Farmacologia, Terapèutica i Toxicologia Veterinària, Facultat de Veterinària, Universitat Autònoma de Barcelona.
2Department of Pathology and Infectious Diseases, Royal Veterinary College, University of London.
Imágenes cedidas por los autores

En los últimos años se han conseguido grandes avances en este campo y prueba de ello son las vacunas con elevados grados de protección en fase III y otras prometedoras aún en fase II. Es de esperar que en un futuro no muy lejano podamos disponer de una vacuna eficaz contra Leishmania en perros.
El desarrollo de una vacuna eficaz contra la leishmaniosis canina sigue siendo un objetivo complejo y difícil de alcanzar. Tras décadas de investigaciones, la primera vacuna contra esta enfermedad en perros ha sido comercializada (Leishmune), y otra ha obtenido ya el registro sanitario (Leishtec), ambas en Brasil. En Francia, además, existe otra vacuna en desarrollo con elevados grados de protección en estudios de campo. Es posible que en un futuro no muy lejano podamos disponer de una vacuna eficaz contra esta enfermedad olvidada por las autoridades sanitarias a pesar de su incidencia en humanos (700 casos anuales en el sur de Europa) y de su carácter zoonótico.

La infección en el perro
La leishmaniosis humana es la tercera enfermedad transmitida por vectores más importante en el mundo, después de la malaria y la filariosis. El perro juega un importante papel como reservorio en la forma visceral zoonótica causada por Leishmania infantum y entre un 5%-10% de la población canina residente en zonas endémicas desarrolla la enfermedad. Las manifestaciones clínicas de la leishmaniosis pueden aparecer en el perro infectado desde varios meses a varios años después de la infección. La gran diversidad de cuadros clínicos que pueden llegar a presentar los perros infectados es debida a los numerosos mecanismos patogénicos causados por Leishmania y a las diferentes respuestas inmunitarias que pueden desarrollar los animales.
Diferentes estudios demuestran que, mientras la prevalencia de enfermedad en la cuenca Mediterránea estaría alrededor del 5%-10% como se comentaba anteriormente, el porcentaje de perros que desarrollan anticuerpos anti-Leishmania sería más alto, del 10%-37%, y la verdadera tasa de infección aún superaría estos valores, alcanzando el 65%-80% (estudios que evalúan la respuesta celular, o bien que utilizan PCR sobre diferentes tejidos). Por lo tanto, en la leishmaniosis canina, el concepto de infección no es sinónimo de enfermedad. Es decir, no todos los perros infectados por Leishmania desarrollarán signos clínicos o alteraciones clinicopatológicas. Este hecho es debido a que la respuesta inmunitaria en el perro infectado con eishmania es una compleja combinación de dos tipos de respuestas, celular y humoral, que dan lugar a un amplio rango de situaciones: en uno de los polos encontraríamos los perros enfermos o susceptibles con respuesta humoral exagerada (respuesta Th2) y, en el otro, a los perros infectados pero clínicamente sanos o resistentes con respuesta predominantemente de tipo celular (respuesta Th1), acompañada o no de producción de anticuerpos.
En la cuenca Mediterránea encontramos que la mayoría de la población canina ha tenido contacto con el parásito y, aunque infectada, desarrolla una respuesta inmune capaz de controlar la enfermedad. Por el momento, se desconocen las implicaciones epidemiológicas de este gran número de perros infectados. Los perros clínicamente sanos pueden representar hasta el 60% del total de perros infectados y, aunque en menor medida que los enfermos, también son infectivos para el vector flebotomo.
Sin embargo, el grado de infectividad de un perro se encuentra correlacionado con el nivel de IgG anti-Leishmania específicas producidas. Este hecho es debido a que los perros con leishmaniosis clínica presentan mayores cargas parasitarias en diferentes tejidos como, por ejemplo, la piel en comparación con los perros infectados clínicamente sanos. Estas altas cargas parasitarias activan fuertemente al sistema inmunitario, dando lugar a una producción elevada de IgG específica. Por tanto, el perro enfermo o seropositivo alto será el principal objetivo de cualquier medida de control de esta parasitosis.

La dificultad de una vacuna
La mayoría de los métodos disponibles actualmente para el tratamiento y control de la enfermedad presentan una eficacia limitada. Estudios recientes en Irán demuestran que el control de la infección en perros disminuye su capacidad infectiva y la incidencia de la enfermedad en niños. Por esta razón, la vacunación de los perros constituiría la medida más eficaz para el control de la leishmaniosis visceral, tanto en la población canina como en la humana. La característica principal que ha de cumplir toda vacuna es mimetizar los efectos de una exposición al patógeno, de manera que consiga desarrollar en el animal vacunado un tipo de inmunidad que lo proteja frente a una infección natural posterior. En el caso de la leishmaniosis se requerirá que la vacuna estimule principalmente una respuesta inmunitaria celular (Th1), que es la que presentan de forma natural los perros resistentes y que genere memoria a largo plazo. Sin embargo, pese a los múltiples estudios realizados durante décadas, actualmente sólo existe una vacuna comercializada para la prevención de la leishmaniosis canina: Leishmune, en Brasil. Este problema no es exclusivo de Leishmania, sino que afecta al desarrollo de vacunas diseñadas contra todo tipo de infecciones parasitarias. De hecho, la inmunización contra este grupo de enfermedades continúa siendo un desafío y, por el momento, muy pocas vacunas se hallan comercializadas. Hay diversas razones que explican esta dificultad:
Las infecciones parasitarias, a diferencia de las causadas por bacterias o virus, tienden a ser crónicas en la naturaleza. Esto es debido principalmente a que los parásitos provocan a menudo respuestas inmunitarias ineficaces en el huésped, previniendo su eliminación y prolongando la infección en el tiempo. Éste sería el caso de la inducción de una respuesta humoral exagerada no protectora en la infección por Leishmania.
Los parásitos desarrollan con frecuencia estrategias de evasión de la respuesta inmune. En la infección por Leishmania son destacables la supresión de los mecanismos leishmanicidas en el interior del macrófago, la inhibición de la presentación de antígenos o la infección de células sin capacidad leishmanicida.
Los parásitos presentan ciclos biológicos más complejos que las bacterias o los virus, con diferentes fases biológicas que complican el desarrollo de una vacuna. Leishmania presenta dos fases en su ciclo biológico: la fase de amastigote en el interior del hospedador vertebrado y la de promastigote en el hospedador invertebrado.
A pesar de estas dificultades, existen casos en que las infecciones parasitarias confieren en el huésped inmunidad frente a reinfecciones por el mismo parásito. En el caso de la infección por Leishmania, la existencia de una población de perros infectados que desarrolla de manera natural una respuesta inmunitaria protectora de control del parásito indica que es posible forzar una respuesta inmunitaria eficaz mediante una vacuna. El desarrollo de dicha vacuna ha de seguir diferentes fases. Los ensayos clínicos de fase I evalúan la seguridad y la capacidad de la vacuna para activar una correcta respuesta inmunitaria comparando individuos vacunados con individuos controles. El siguiente paso son los ensayos de fase II que evalúan la protección inducida por la vacuna ante una infección experimental. Aunque se consideran necesarios, su utilidad es relativa puesto que la infección experimental con Leishmania en perro no consigue mimetizar la infección de tipo natural y son varios los factores que afectan al resultado final, como son la dosis, la vía de inoculación y la fase del parásito. Finalmente, los ensayos de fase III evalúan la eficacia de la vacuna en condiciones naturales: son los llamados estudios de campo. Si la vacuna supera con éxito estas tres fases puede registrarse y comercializarse. Tras su comercialización, la vacuna entra en fase IV o farmacovigilancia, en que se realiza un seguimiento de la misma en las condiciones habituales de uso. Las vacunas probadas contra la leishmaniosis canina pueden dividirse en tres grupos: las de primera generación, consistentes en parásito muerto, vivo, atenuado o modificado genéticamente; las de segunda generación, compuestas por proteínas del parásito ya sean purificadas o recombinantes y, por último, las de tercera generación o vacunas de ADN, compuestas por vectores que contienen genes que codifican antígenos del parásito. Recientemente se están utilizando estrategias para mejorar la eficacia de las vacunas de ADN como el sistema de vacunación-revacunación heteróloga, que consiste en la vacunación con ADN y la revacunación con el mismo epítopo pero en vectores o formulaciones diferentes, por ejemplo un virus o una proteína recombinante.

Grandes avances: las vacunas más protectoras
Por el momento, dos vacunas contra la leishmaniosis canina han obtenido resultados prometedores en los ensayos de fase III: Leishmune, registrada y comercializada en Brasil y en fase de registro en Europa, y LiESAp-MDP (LiESAp: Leishmania infantum excreted secreted antigens from promastigotes), desarrollada en Francia. Sobre la vacuna registrada este mismo año en Brasil, LeishTec, no hay todavía datos publicados.

Los perros con leishmaniosis clínica presentan mayores cargas parasitarias en diferentes tejidos como, por ejemplo, la piel en comparación con los perros infectados clínicamente sanos.

Curiosamente, estas dos vacunas pertenecen al mismo grupo, las llamadas vacunas de segunda generación, es decir, están formuladas con fracciones purificadas del parásito. Es posible que la eficacia de dichas vacunas recaiga en el hecho de que contienen más de un antígeno del parásito y que están formuladas con fuertes adyuvantes que estimulan la respuesta inmunitaria innata, no sólo la adquirida. La eficacia de la vacunación se ha analizado en estos estudios de dos maneras: la eficacia contra la infección, que evalúa el grado de protección que confiere la vacuna frente a que el animal se infecte, y la eficacia contra la enfermedad, que estudia el grado de protección contra el desarrollo de síntomas clínicos.

Brasil
Como se ha mencionado, Leishmune fue la primera vacuna comercializada contra la leishmaniosis canina. Consiste en una fracción purificada de Leishmania donovani, el ligando fucosa-manosa (FML), cuyo principal componente es la hidrolasa de nucleósidos, NH36. Éste es un enzima crítico en el inicio de la infección por Leishmania, ya que fragmenta nucleósidos y libera bases púricas que el parásito necesita para la síntesis de ADN y la multiplicación en el huésped. Dos ensayos de fase III en Brasil avalan la utilidad de esta vacuna sola o con un adyuvante (QuilA) en la prevención de la leishmaniosis canina [1, 2]. El grado de protección contra la enfermedad se situó entre el 75%-80%. Es decir, mientras que entre el 25%-33% de los perros del grupo control desarrolló síntomas clínicos de leishmaniosis, sólo entre el 5%-8% del grupo vacunado enfermó. La vacunación indujo respuesta humoral en la totalidad de los perros y respuesta celular específica en el 94% de ellos. El grado de protección contra la infección ha sido evaluado más recientemente y se situó alrededor del 100%. Otro hecho destacable de esta vacuna es que actúa como bloqueante de la transmisión. Este concepto se utilizó por primera vez para describir las vacunas contra la malaria que impiden el desarrollo de la fase infectiva en el vector Anopheles. Cuando el mosquito pica al huésped inmunizado con este tipo de vacunas, los anticuerpos generados por el huésped son ingeridos por el mosquito, de forma que se bloquea el proceso de reproducción de los parásitos y se incapacita al vector para transmitir la malaria. Este efecto bloqueante ha sido demostrado recientemente en los flebotomos alimentados con amastigotes y suero de perros vacunados con FML [3], señalando que esta vacuna puede interrumpir el ciclo epidemiológico de Leishmania. A pesar de todos estos resultados, para que sea posible la comercialización de esta vacuna en Europa será necesario demostrar su eficacia contra una infección experimental con L. Infantum y llevar a cabo un estudio de campo en centros europeos.

Francia
La segunda vacuna con interesantes resultados en fase III es la desarrollada en Francia con antígeno excretado y secretado obtenido a partir del sobrenadante de cultivos de promastigotes de L. infantum y posteriormente purificado [4]. La vacuna se administra junto con el adyuvante muramil dipéptido (MDP). La protección inducida por esta vacuna se ha correlacionado con el establecimiento de una correcta respuesta inmunitaria temprana y prolongada frente a Leishmania. En los perros vacunados, y únicamente en este grupo, se detectó una activación junto con un aumento de la capacidad leishmanicida de los macrófagos a través de linfocitos T. En la fase III del ensayo clínico, el 2,7% de los perros controles desarrolló signos de enfermedad mientras que ningún animal del grupo vacunado enfermó. En cuanto a la tasa de infección, fue del 0,6% en los perros vacunados y del 6,8% en los perros controles, es decir, 11 veces inferior en el grupo inmunizado. De esta manera, la eficacia de esta vacuna contra la infección por Leishmania en perros fue del 90%.

En la cuenca Mediterránea encontramos que la mayoría de la población canina ha tenido contacto con el parásito y, aunque infectada, desarrolla una respuesta inmune capaz de controlar la enfermedad.

España
Nuestro grupo de trabajo lleva varios años investigando en el campo de las vacunas conocidas como de tercera generación. Este tipo de vacunas, al ser de desarrollo más reciente, todavía no ha sido testado en estudios de fase III. En el año 2002, nuestro grupo presentó la primera vacuna de ADN diseñada contra la leishmaniosis canina. Los resultados de dicho estudio preliminar indicaban que este tipo de inmunización activaba una correcta respuesta inmunitaria específica contra el parásito en el perro. A partir de estos resultados, se inició un mayor estudio publicado recientemente [5], el cual demuestra que, a pesar de dicha respuesta inmunitaria y cierto control de la infección, este tipo de vacunas necesitan ser mejoradas. Para potenciar el efecto de la vacunación con ADN, en el Centro de Investigaciones Biológicas de Madrid, científicos españoles en colaboración con la Universidad de Zaragoza y el Centro Nacional de Biotecnología, han desarrollado una vacuna consistente en la vacunación con ADN que codifica para un gen de L. infantum (LACK) junto con una revacunación utilizando un virus que expresa el mismo gen. Los primeros resultados de eficacia de la vacuna contra la infección experimental han sido muy positivos [6] y, actualmente, se están desarrollando nuevos vectores más seguros que el virus revacunal utilizado en dicho estudio [7]. Siguiendo esta línea nuestro grupo ha desarrollado una vacunación contra la leishmaniosis consistente en ADN más proteína producida en larvas de insecto que, actualmente, está siendo ensayada en fase II en el modelo de hámster. Futuros estudios de fase III serán necesarios para evaluar la eficacia de este tipo de vacunación frente a la infección natural.

“Las vacunas de Leishmania van ya por la proteómica”
Los parásitos son mosaicos antigénicos, es decir, tienen cientos de receptores antigénicos que se dividen en: superficie, metabólicos y somáticos. Inicialmente, se pensó que eran los antígenos de superficie los que conferirían respuesta protectora. Se intentó con parásitos muertos, modificados…
Al ver que no funcionaba, después se probó con antígenos totales (lisando el parásito). Tampoco funcionó, aparentemente debido a que muchos de los antígenos presentan una disposición tridimensional que, a veces, no los hace aptos para las células presentadoras de antígeno. Se empezaron a extraer y caracterizar proteínas con capacidad inmunogénica y, a partir de aquí, llegaron otras vacunas (GP63…), que tampoco funcionaron. Lo que se ha hecho después es secuenciar estas proteínas que tienen capacidad inmunogénica para obtener los genes que inducen su producción.
Se ha visto que el ADN en plásmido no tiene capacidad inmunogénica suficiente para activar la RI celular en el hospedador. Sin embargo, si se introduce el ADN en vectores o lanzaderas (virus modificados u otros sistemas más avanzados que no son virus verdaderos y evitan los riesgos de trabajar con éstos), se aumenta la RI frente a esa proteína. En esto se está trabajando actualmente. Como los virus son todos intracelulares, teóricamente son captados por las células macrofágicas y, sobre todo, las células presentadoras de antígenos (células dendríticas). La explicación del fallo reside en la manera en que las células dendríticas expresan ese antígeno una vez lo han fagocitado.
Por otro lado, hay una serie de bloqueos del parásito sobre ciertos mecanismos (evasión de la respuesta inmune) y que estos antígenos no tienen la suficiente capacidad inmunogénica frente a la RI celular.
Lo que se ha intentado es aumentar esta baja inmunogenicidad con adyuvantes naturales (plantas, sales de aluminio…) o interleucinas (especialmente el g-interferón y la Il-10), tratando de activar de forma inespecífica la inmunidad natural.

El objetivo actual

Nuestro grupo ya hace años que utilizó el antígeno LACK, una molécula que siendo intracelular podía desarrollar una respuesta inmune protectora en un 70-80% de los casos, frente a una infección experimental un millón de veces superior a la natural. En esto momentos, y a la espera de los resultados de un experimento de fase II, hay que dar un paso más en la obtención de una vacuna efectiva. Para ello, nuestro grupo está avanzando en dos frentes. Por una parte, sabemos qué tipos celulares están implicados en las primeras fases del establecimiento de la RI en los perros protegidos por la vacuna. Se está estudiando en estos momentos qué genes se encuentran activados en las células de estos perros que no lo están en las procedentes de perros enfermos. Lo ideal sería encontrar algún receptor relacionado con el establecimiento de la RI protectora. Por otra parte, se ha obtenido una genoteca completa de Leishmania infantum que además se ha ordenado en microarrays, lo que nos permitirá encontrar el gen o genes (y las proteínas consiguientes) del parásito que estén relacionados con la presentación de antígeno (por las células dendríticas o macrófagos) que origina la RI protectora en los perros. La obtención de estos microarrays conteniendo 30.000 clones con el genoma completo del parásito no ha sido fácil, pero es la mejor manera de localizar los antígenos responsables de la protección. No está clara la causa de por qué las otras vacunas están fallando, pero puede ser debido a que el mecanismo de reconocimiento del antígeno por el perro es mucho más sensible de lo que se cree. De hecho, un mismo antígeno produce diferente respuesta según la vía de inoculación (o, lo que es lo mismo, según el tipo de presentación al sistema). Una vez localizados los antígenos responsables de la protección, la obtención de una vacuna más efectiva y segura será un objetivo factible a corto plazo.

1Juan Antonio Castillo, 2Vicente Larraga
1Facultad de Veterinaria de Zaragoza, 2Centro de Investigaciones Biológicas-CSIC

Bibliografía disponible en www.argos.grupoasis.com/bibliografias/leishmaniosis101.doc

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Perros de presa: más allá de la mala prensa

22 04 2011
Última actualización 15/03/2011@08:17:31 GMT+1
Perro sparring. (Foto: Vadeperros.com)

Periodicamente aparecen en los medios de comunicación noticias relacionadas con perros que han agredido gravemente a personas. La legislación vigente en España para regular la tenencia de animales potencialmente peligrosos data de 2002.

Cristina Bodega y Sara Mourelle
Estudiantes de Veterinaria (2º ciclo)
Facultad de Veterinaria de Lugo
Universidad de Santiago de Compostela.
Este trabajo se ha realizado bajo la supervisión y tutorización de Cristina Castillo, profesora de la Facultad de Veterinaria de Lugo y académica correspondiente de la Academia de Ciencias Veterinarias de Galicia (ACVG)

Cada poco tiempo volvemos a encontrarnos la misma noticia en los medios de comunicación: personas, especialmente niños, atacadas por perros, y una vez más vuelve a surgir la alarma: ¿de quién es la culpa?.

Por lo general, los dueños son señalados como culpables por parte de los expertos y defensores de los animales; claro que la Administración tampoco ayuda, ya que la ley de 1999 sigue presentando numerosas lagunas. Es evidente que los microchips, la obligatoriedad de una licencia (y un certificado anual de aptitud) y el seguro de responsabilidad civil de más de 120.000 euros no son, en algunos casos, elementos suficientes.

Diversos especialistas en adiestramiento y comportamiento de mascotas, como Guillermo Elzo, señalan que si bien la raza influye en el carácter general del animal, ésta no es el factor determinante… y en principio es cierto. Aún así, la ley contempla, desde el año 2002 (Real Decreto 287/2002, de 22 de marzo, que desarrolla la Ley 50/1999), ocho razas consideradas peligrosas:

  • Pit Bull Terrier
  • Staffordshire Bull Terrier
  • American Staffordshire Terrier
  • Rottweiler
  • Dogo Argentino
  • Fila Brasileiro
  • Tosa Inu
  • Akita Inu

Algunas comunidades, por su parte, han añadido más. En la Comunidad Valenciana la lista contiene hasta 14 nombres, incluyendo el Presa Mallorquín, el Presa Canario, el Doberman o el Mastín napolitano, entre otros. En Galicia nos encontramos al Bullmastif o Dogo de Burdeos y en Cantabria, al Boxer. Los cruces y las mezclas entre ellos también se contemplan, así como aquellos perros que hayan agredido a una persona o animal o hayan mostrado comportamientos muy agresivos.

¿Qué son perros potencialmente peligrosos?
1º. Los que pertenecen a las siguientes razas y sus cruces: PitBull Terrier, Staffordshire Bull Terrier, American Staffordshire Terrier, Rottweiler, Dogo Argentino, Fila Brasileiro, Tosa Inu y Akita Inu.

2º. Todos los perros que NO pertenezcan a las razas anteriores pero sí cumplan todas o la mayoría de las siguientes características:

  • Fuerte musculatura, aspecto poderoso, robusto, configuración atlética, agilidad, vigor y resistencia.
  • Marcado carácter y gran valor.
  • Pelo corto.
  • Perímetro torácico comprendido entre 60 y 80 cm, altura a la cruz entre 50 y 70 cm y peso superior a 20 kg.
  • Cabeza voluminosa, cuboide, robusta, con cráneo ancho y grande y mejillas musculosas y abombadas. Mandíbulas grandes y fuertes, boca robusta, ancha y profunda.
  • Cuello ancho, musculoso y corto.
  • Pecho macizo, ancho grande, profundo, costillas arqueadas y lomo musculado y corto.
  • Extremidades anteriores paralelas, rectas y robustas y extremidades posteriores muy musculosas, con patas relativamente largas formando un ángulo moderado.

3º. Todos aquellos animales que hayan protagonizado ataques a animales o personas con anterioridad o que muestren un carácter marcadamente agresivo. Siendo certificada tal condición por un veterinario autorizado por la autoridad competente.

¿Cómo ha influido la sociedad?
Hoy en día nadie discute el influjo de la moda, y esto mismo es aplicable al mundo de los perros. Entrañables series como Lassie, Rintitín o Rex influyeron en la compra de estas razas, casi siempre con falsas expectativas. Hoy la tendencia es a la compra de razas consideradas potencialmente peligrosas, que caen en manos de gente inexperta que solo buscan un perro que les confiera un estatus defensivo a diferentes niveles, potenciado por el uso de herramientas (collares de pinchos o el corte de orejas) que acentúa su aspecto feroz.

El creciente número de este tipo de animales, junto con la no experiencia de sus propietarios, favorece la aparición de dramáticos accidentes. Estos sucesos se ven agravados por la conformación morfológica y la mala selección de los reproductores. Con mala selección nos referimos a la elección de ejemplares con instintos no equilibrados. Hay quien cría sin control y muchas veces en busca de una estética definida y dinero fácil.

Los perros de presa o de pelea son animales con un largo y cruel historial a sus espaldas…Son animales que están sometidos a estrés, frustración, castigos físicos, privación de alimento y bebida, aislados… En definitiva, no pueden desarrollar un comportamiento social normal. Además, se les somete a entrenamientos extremos de los que hablaremos a continuación.

Pero antes de nada… ¿Cómo interactúan los perros de forma natural?
Los perros son animales sociales: si los dejáramos en un estado salvaje tenderían a vivir en armonía. La etóloga Turid Rugaas en su libro El lenguaje de los perros: señales de calma describe las claves del lenguaje de estos animales. Mediante el lenguaje corporal expresan su estado de ánimo, posición social dentro de la manada… de manera que cada uno sabe el lugar que ocupa y las confrontaciones son escasas o nulas. Estas señales de calma o apaciguamiento entre animales que entran en conflicto, son capaces de resolver las diferencias sin violencia.

Cuando existe un enfrentamiento entre dos perros, tarde o temprano, uno de ellos emitirá ciertas señales de apaciguamiento, de manera que el otro entienda que ha ganado y que debe detener el ataque. Gracias a este mecanismo de defensa, el daño producido no suele ser demasiado grave. Este comportamiento es aprendido por el cachorro de su madre y sus hermanos, durante el periodo de la impronta, entre las 3 semanas y los 3 meses de vida. Todos los perros del mundo utilizan el mismo lenguaje.

Pero el ser humano tiende a humanizar a su mascota lo que provoca un cambio en el comportamiento natural de la misma. Actualmente, se han convertido en un miembro más de la familia, con repercusión negativa en su comportamiento social, ya que “desconocen” como relacionarse correctamente entre ellos. Un ejemplo sería la señora que lleva a su caniche en brazos: este perro, que se encuentra en una posición elevada, no interactúa con otros perros y no desarrolla un comportamiento contactual normal, lo que le vuelve dominante e inseguro, reaccionando con violencia hacia aquello que le asusta… En el extremo opuesto se encontrarían los perros de pelea.

Entrenamiento de un perro de pelea. (Foto: Galeon.com)

¿Cómo fabricar un perro de pelea?
Este proceso requiere de varios pasos: En primer lugar, se selecciona el cachorro, eligiendo para ello ejemplares que reúnan las características físicas necesarias para llegar a ser un buen luchador (ver cuadro, al final). Una vez seleccionado habrá que comprobar que el perro “sirve para ello”, para lo cual se someterá a un duro adiestramiento, realizando pruebas de supervivencia en las que el perro será sometido a varias condiciones estresantes: se les cortará las orejas, para evitar que estas sean arrancadas durante los combates; se les hará enfrentarse entre sí sin dejar que se hieran gravemente, para demostrar su fiereza; cada día se le arrojará a una piscina hasta que quede exhausto; son forzados a correr tras una moto a lo largo de diez o quince kilómetros o, por ejemplo, se les obliga a morder un neumático suspendido en el aire durante 10-15 minutos para fortalecer sus mandíbulas. En el colmo de la crueldad están las manifestaciones hechas por una persona que cría este tipo de perros para pelear y publicadas en el año 2008 en el periódico La Verdad: “Cojo una vara de olivo y lo hincho a palos mientras está colgado de la boca. No se suelta; al revés. Sólo se retuerce con más rabia y muerde con más fuerza”… ¿Alguien da más?

Es evidente que este tipo de entrenamientos van a suponer un estrés para estos perros y a varios niveles:

  • Se trata de animales mal socializados, aislados y sin interacción con sus congéneres, ya que sólo se relacionan con otros perros durante las peleas o los entrenamientos. Su vida transcurre entre la jaula y el ring, rodeados de gente que grita y les azuza para que peleen. A mayores, durante el combate aprenden conductas anormales que repetirán en un futuro: sabrán que van a pelear antes de hacerlo, lo que también les generará ansiedad.
  • Son animales habituados a vivir en perreras en condiciones insalubres y que nunca salen si no es a pelear o entrenar. Para aumentar su irritabilidad emplean diversas técnicas: dejarlos a oscuras durante días, acostumbrarlos a sonidos estridentes (los que oirán en la pelea), hacerles adictos a fármacos y retirárselos bruscamente el día antes para que acudan a la pelea con síndrome de abstinencia y finalmente, pasar hambre y sed, de forma que se potencie al máximo el instinto de supervivencia, atacando así sin piedad a cualquier animal que se cruce en su camino

Las duras condiciones del entrenamiento causan un fuerte desgaste físico y psicológico. Además, para potenciar su musculatura y agresividad se les administran esteroides y anabolizantes durante el mes previo al combate.

Muchos de los perros mueren en las peleas o poco después a consecuencia de las graves heridas. (Foto: Laverdad.es)

Recuperación tras la pelea
Muchos de estos perros no sobreviven a los enfrentamientos o deben ser sacrificados tras la finalización de los mismos. La mayoría mueren desangrados o a causa directa de las heridas. Los que sobrevivan, deben de pasar por un largo periodo de recuperación, donde se instaurará una fuerte terapia antibiótica y antiinflamatoria para tratar de recuperar a los animales con más valor.

Las lesiones más frecuentes en este tipo de perros son las mordeduras y desgarros extendidos por diversas partes del cuerpo, y es que como características de los perros de presa está la de agarrar a su víctima y sacudirla vigorosamente sin soltarla; por ello una de las lesiones más típicas es la pérdida de los tejidos de alrededor de la boca, arrancados de cuajo durante el combate. Otra lesión son las fracturas o luxaciones, a causa de la enorme potencia de las mandíbulas de estos perros.

Tras esta recuperación, reiniciarán de nuevo los adiestramientos con el fin de estar preparados para su siguiente pelea. Si el perro demostró grandes dotes, se utilizará como reproductor para tratar de obtener una nueva generación de luchadores. El peligro está en que individuos con esta genética terminen (a través de una venta no regulada o regalo) como animales de compañía o de guarda en una casa cualquiera…

Las secuelas…
Estos animales suelen desarrollar un tipo de comportamiento conocido como neurosis. Las neurosis se definen como movimientos repetitivos que desarrolla un animal que no es capaz de resolver un conflicto (por ejemplo, se persigue la cola, gira sobre sí mismo, adquiere fobias…).

Otro tipo de secuelas pueden ser la presencia de dermatitis por lamido (acral), la pérdida de pelo, la hiperactividad, automutilaciones, comportamientos destructivos, ladridos, aullidos, gimoteos o incluso, fijación obsesiva por ciertos objetos o animales/personas.

Los perros que se logran rescatar de este sub-mundo son difíciles de resocializar y reintroducir en la sociedad, ya que están fuertemente improntados, no tolerando la presencia de otros individuos en su ambiente. En caso de hacerlo hay que tener a estos animales bajo un estricto control, al tiempo que facilitamos su socialización. Y esto precisamente es lo que no suele buscar el nuevo propietario de este tipo de perros. Quien precisa de un perro “que atemorice” y proteja lo que hace, inconscientemente, es aislar al animal del entorno, evitar la relación con otros animales y, en definitiva, potenciar el miedo que se convertirá en la base de su comportamiento futuro, incluidos los ataques.

Los perros sparring son utilizados para “entrenar” a los de pelea. (Foto: Vadeperros.com)

Perros sparring
Pero este tipo de actividad no afecta sólo a los animales protagonistas, los perros de presa. Hay otras víctimas implicadas: los sparring, perros utilizados para su entrenamiento. Suelen ser perros abandonados, recogidos de la perrera o, incluso, robados a sus propietarios.

Existen tres categorías graduales dentro de ellos:

  • En primer lugar, tenemos los perros de iniciación: son pequeños y débiles, fáciles de matar, para aumentar la seguridad del perro de pelea.
  • Seguidamente, tendríamos los perros de continuación: grandes y fuertes, pero torpes, sin capacidad de defenderse (tipo Mastín). Ayudan a confirmar el potencial asesino del perro, que se ve capaz de ganar a otro de gran tamaño.
  • Por último el perro de presa acaba su entrenamiento con los llamados perros finalizadores: animales que en un momento dado les pueden hacer frente, pero que carecen de los instintos o la conformación física de un perro de pelea. Con ellos aprende que puede sufrir algún daño durante el combate, pero se confirma como ganador. La gama de perros finalizadores es muy amplia y va desde un Pastor Alemán, a un Bóxer, pasando incluso por un Pitt-Bull sin adiestrar.

En definitiva…
Está claro que actualmente existe un grave problema de base, y es la cría sin control de estos animales, pues en la mala selección de ejemplares no se busca el equilibrio de los instintos, siendo el resultado la existencia de perros problemáticos ya desde sus primeras semanas de vida. Si sumamos esto a la inexperiencia e inconsciencia de los futuros propietarios tenemos una bomba de relojería, que puede explotar en cualquier momento, manifestándose con el incipiente incremento del número de ataques.

Todos estos problemas pueden corregirse con unas nociones básicas sobre etología o adiestramiento, previo a la adquisición de un animal. Esta es una labor de todos: de los criadores concienciados, de la legislación, penalizando este tipo de actividades ilegales, y de los profesionales de la salud de estos animales: los veterinarios, una pieza clave como apoyo y guía a los propietarios orientándolos y ayudándolos a mantener la salud mental y el equilibrio de sus perros.

Por ello, es importante concienciar a la sociedad de que el peligro no está en los perros, sino en sus dueños: Punish the deed, not the breed (castiga las acciones, no las razas – deednotbreed.org.uk).





Galería de Bull Terrier De La Gran Estirpe

18 04 2011
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La galería de Bull Terrier De La Gran Estirpe en Flickr.





Ursus y Xandy en el campo

17 04 2011








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